Todos los líderes comparten la característica de ser personas altamente motivadas que se esfuerzan en alcanzar altos objetivos para sus seguidores y establecen elevados estándares de desempeño para ellos mismos. Son curiosos, enérgicos y retados por los problemas no resueltos que los rodean.
Los líderes activan “la voluntad de hacer” de una persona, muestran el camino y guían a los miembros del grupo hacia la realización del mismo. Los líderes proporcionan visión a sus seguidores, y la dirección es un elemento necesario para la administración de éxito.
Un concepto que podemos dar de liderazgo según Terry y Franklin es, “la relación en la cual una persona (el líder) influye en otras para trabajar voluntariamente en tareas relacionadas para alcanzar los objetivos deseados por el líder y/o el grupo”.
Un líder influye en los subordinados con base en una o más fuentes de poder de French y Raven:
1. Coerción
2. Recompensa
3. Legítimo
4. De experto
5. Referente
Las primeras tres bases (coerción, recompensa, legítimo) son principalmente factores organizacionales formales que “legalmente” agregan fuerza a la influencia del líder; mientras que, los factores de experto (pericia) y referentes son los elementos personales o individuales que pueden contribuir o restar, de manera informal, fuerza a un líder.
Los teóricos del comportamiento afirman que el estilo de un líder está orientado hacia un énfasis:
a) Centrado en el empleado: el líder enfatiza el desarrollo de las relaciones abiertas y amistosas con los empleados y es muy sensible a sus necesidades personales y sociales.
b) Centrado en el puesto: es aquel en el que el líder enfatiza tener el trabajo hecho mediante la planeación, organización, delegación, toma de decisiones, evaluación del desempeño y el ejercicio de un estrecho control administrativo.
En cuanto a una de las principales clasificaciones que se hace de las formas de liderazgo, las investigaciones de Lewin, Lippitt, y White sugirieron la teoría de un continuo que identifica tres estilos básicos de liderazgo:
Autócrata: individuo que tiene poca confianza en los miembros del grupo, cree que el dinero es la única recompensa que motivará a los trabajadores, y da órdenes sin permitir ninguna pregunta.
Laissez-faire: tiene poca o ninguna confianza en su habilidad como líder, no establece objetivos para el grupo, y minimiza la comunicación o interacción del mismo.
Demócrata: comparte la toma de decisiones con los demás miembros del grupo, y les explica las razones de las decisiones personales cuando es necesario, y comunica en forma objetiva las críticas y los elogios a los subordinados.
Los líderes activan “la voluntad de hacer” de una persona, muestran el camino y guían a los miembros del grupo hacia la realización del mismo. Los líderes proporcionan visión a sus seguidores, y la dirección es un elemento necesario para la administración de éxito.
Un concepto que podemos dar de liderazgo según Terry y Franklin es, “la relación en la cual una persona (el líder) influye en otras para trabajar voluntariamente en tareas relacionadas para alcanzar los objetivos deseados por el líder y/o el grupo”.
Un líder influye en los subordinados con base en una o más fuentes de poder de French y Raven:
1. Coerción
2. Recompensa
3. Legítimo
4. De experto
5. Referente
Las primeras tres bases (coerción, recompensa, legítimo) son principalmente factores organizacionales formales que “legalmente” agregan fuerza a la influencia del líder; mientras que, los factores de experto (pericia) y referentes son los elementos personales o individuales que pueden contribuir o restar, de manera informal, fuerza a un líder.
Los teóricos del comportamiento afirman que el estilo de un líder está orientado hacia un énfasis:
a) Centrado en el empleado: el líder enfatiza el desarrollo de las relaciones abiertas y amistosas con los empleados y es muy sensible a sus necesidades personales y sociales.
b) Centrado en el puesto: es aquel en el que el líder enfatiza tener el trabajo hecho mediante la planeación, organización, delegación, toma de decisiones, evaluación del desempeño y el ejercicio de un estrecho control administrativo.
En cuanto a una de las principales clasificaciones que se hace de las formas de liderazgo, las investigaciones de Lewin, Lippitt, y White sugirieron la teoría de un continuo que identifica tres estilos básicos de liderazgo:
Autócrata: individuo que tiene poca confianza en los miembros del grupo, cree que el dinero es la única recompensa que motivará a los trabajadores, y da órdenes sin permitir ninguna pregunta.
Laissez-faire: tiene poca o ninguna confianza en su habilidad como líder, no establece objetivos para el grupo, y minimiza la comunicación o interacción del mismo.
Demócrata: comparte la toma de decisiones con los demás miembros del grupo, y les explica las razones de las decisiones personales cuando es necesario, y comunica en forma objetiva las críticas y los elogios a los subordinados.
Fuente de consulta: TERRY & FRANKLIN, Principios de Administración, Editorial CECSA, México 2006.


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