El esfuerzo es una medida de intensidad o impulso. Es Importante destacar que, cuando alguien está motivado se esfuerza más. Pero es poco probable que los altos niveles de esfuerzo lleven a un desempeño en el trabajo favorable a menos que el esfuerzo se canalice en una dirección que beneficie a la organización. Por tanto, debemos considerar tanto la calidad del esfuerzo como su intensidad. Se debe considerar tanto la calidad del esfuerzo como su intensidad; además de buscar el esfuerzo que esté dirigido hacia el logro de un objetivo, y sea consistente con las metas de la organización. Se debe tener el mente la motivación como un proceso que satisface una necesidad.
Una necesidad, no es otra cosa que un estado interno que hace que ciertos resultados nos parezcan atractivos. Una necesidad insatisfecha genera tensión que estimula impulsos dentro del individuo. Estos impulsos generan un comportamiento de búsqueda para encontrar metas particulares que si se logran, satisfarán la necesidad y reducirán la tensión.
Podemos decir que los empleados motivados están en estado de tensión. Para aliviar esta tensión, ejercen un esfuerzo. Mientras mayor sea la tensión, más alto será el nivel de esfuerzo. Se reduce la tensión si este esfuerzo lleva exitosamente a la satisfacción de la necesidad. Ya que también debe dirigirse hacia las metas organizacionales. Las necesidades individuales deben ser compatibles y consistentes con las metas de la organización. Cuando esto no ocurre, los individuos pueden ejercer altos niveles de esfuerzo que van en contra de los intereses de la organización, lo cual no es tan extraño. Algunos empleados regularmente dedican mucho tiempo a hablar con amigos en el trabajo con el fin de satisfacer sus necesidades sociales. Existe un alto nivel de esfuerzo, pero no está dirigido hacia un fin productivo.

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